¿Por dónde iba?

*Carraspea* Vamos a hacer como que no he estado un año sin entrenar y sin actualizar, ¿vale?

Una de las cosas que me ha sorprendido del gimnasio en el que he empezado a entrenar ha sido la cantidad de mujeres que hay ahí. Siempre. Mis propias inseguridades, mis experiencias en otros gimnasios y los prejuicios contra los que intento luchar dando visibilidad a la práctica femenina de deportes de fuerza pero que visto lo visto no he eliminado de mí misma por completo tampoco, me hicieron arquear las cejas.

Al ser un gimnasio tan especializado, con tanto nombre dentro del mundillo, que te exige un compromiso tan alto con el entrenamiento, en el que entrenan atletas profesionales… además de intimidar, para mí llevaba implícito que iba a ser otro campo de nabos.

nabos

Pero cada vez que he ido a entrenar, fuese por la mañana o por la tarde, un día de diario o fin de semana, ha habido chicas entrenando. Siempre. Y no una ni dos: siempre hay paridad y algunas veces hasta hemos sido más numerosas.

Algunas a lo mejor pensáis “da igual, en el fondo da igual. Entrena donde quieras, donde puedas, qué más da quién esté en la sala.” Well, I’ve got news for you.

nah

Claro que cada una entrena donde puede, no shit Sherlock! Y sigo defendiendo la importancia de reclamar tu espacio en el gimnasio (y en la oficina, en casa, en la calle, en el metro, en un bar, en una sala de espera, en un banco en la calle…). Pero tan cierto es que que un sitio o una zona sea implícita o explícitamente un “territorio masculino” no te tiene que impedir hacer algo ni te tiene que intimidar, como que si yo hubiese visto a tías levantando hierros hace años, hace años que llevaría practicando este deporte, hace años que tendría un referente, que habría visto que la fuerza no es sólo cosa de ellos y, mucho más importante que todo esto, MALDITA SEA, ¡hace años que podría reventar una sandía con los muslos!

grupoHablando desde mi experiencia personal, que siempre ha sido muy positiva en este aspecto, sigo defendiendo que en general la zona de peso libre de cualquier gimnasio está ocupada por gente muy abierta que a) está más pendiente de sí misma como para juzgarte o ridiculizarte y/o b) responde y ayuda como puede en cuanto se le pregunta o pide algo. Pero aún así no os hacéis una idea de lo agradable que es llegar a un sitio y no sentirte fuera de lugar. De lo inspirador y motivador que es ver a otras como tú, entrenando como tú, sudando como tú, disfrutando como tú, o de que te animen otras como tú en un levantamiento difícil. Es un detalle que marca la diferencia entre nunca plantearte competir porque para qué y sí plantearte competir porque por qué no, igual que ella y ella y ella y ella y ella.

Nos vemos en junio.

No quiero propósitos de Año Nuevo

No sé quién empezó esta tontería de marcarse objetivos a principios de año pero ya le vale.

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Tener objetivos es algo sano, hace que analicemos nuestras prioridades, que tengamos una intención, que escojamos opciones basándonos en cómo se adaptan a nosotras o en cómo nos ayudan a alcanzar lo que queremos, nos hacen egoístas (en el buen sentido: en cuanto a conocer, buscar e ir a por lo que nos hace felices), nos proporcionan determinación y seguridad y alcanzarlos nos da satisfacción, nos hace sentir bien con nosotras mismas, nos ayuda a sentir que avanzamos, incluso nos hacen sentir orgullosas.

A mí nada me ayuda más que marcarme límites y fechas para las que quiero haber conseguido algo, sea eso encontrar un trabajo nuevo o encontrar para las vacaciones un par de shorts que me hagan culazo. Si no me pongo estos límites acabo yendo de un lado para otro sin saber muy bien qué estoy haciendo ni para qué, o acabo por no hacer nunca nada y al cabo de semanas, meses o, mecagoendiós, años me doy cuenta de que estoy en el mismo punto, cosa que me produce mucha angustia y la angustia me hace sentirme así:

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Los propósitos de Año Nuevo, sin embargo, me parecen la mierda. Y puede que parezca contradictorio con lo que acabo de decir, de hecho seguramente esto no sea nada más que otra manía mía, porque además de cuadriculada soy quisquillosa a más no poder, pero es que… ¿de qué te sirve hacer una lista de cosas inalcanzables que además se te va a olvidar a las tres semanas? Porque seamos sinceras, cuántas de las cosas que habéis apuntado en el papelito con un 2016 escrito bien en grande arriba del todo son cuantificables, de cuántas podéis medir su progreso? Qué frría y calculadorra sueno diciendo esto, y no digo que podáis expresar todo esto en una gráfica de Excel, pero para todos esos “¡voy a dejar de fumar!”, “¡me voy a poner en forma!”, “¡voy a beber menos!”, “¡VOY A SER MEJOR PERSONA!”, ¿habéis trazado un plan? ¿Sabéis qué vais a hacer para conseguirlos?

Porque al final de eso se trata, no es sólo decidir en qué queremos mejorar o qué queremos cambiar con respecto al año anterior, es también ver cómo hacerlo, cómo evitar que esos objetivos caigan en saco roto y cuando llegue diciembre estemos haciendo una lista igual a la del año anterior. No es analizar tu vida una vez al año, es hacerlo en cualquier momento. No es hacer una lista de cosas que ojalá sucedan, es ser realista y a lo mejor ir a por cosas más pequeñas pero realizables.

Por eso yo digo que bienvenidos sean los propósitos del martes 8 de marzo después de hablar con una amiga que nos dio nuevas ideas, bienvenidos sean los propósitos de la tarde aburrida en la que nos pusimos a leer algo que nos dio una perspectiva nueva y a la mierda los propósitos de Año Nuevo.

De por qué matarse de hambre no es la solución

Me había prometido no hablar de comida ni nutrición más allá del post que ya le dediqué porque (a) no trae más que discusiones en las que no pienso participar, y (b) es un tema al que le he dado tantas vueltas que me resulta muy aburrido ya. Pero ayer estaba con dos amigas poniéndonos hasta el culo de patatas fritas cuando salió el tema de una “nueva” “dieta”. Ay, señor.

No recuerdo el nombre de la dieta en cuestión pero la historia es la siguiente: hombre de metro noventa al que le dicen que coma (agárrate a la mesa, Mari Carmen) 750kcal al día. SETECIENTAS CINCUENTA CALORÍAS AL DÍA. Para que os hagáis una idea de la locura que es esto os diré que así a ojo un hombre de ese tamaño para mantener peso y sin hacer ejercicio debería estar consumiendo aproximadamente 3000-3500kcal al día.

Es que no sé ni por dónde empezar con esta mierda. Supongo que por aquí: por favor, no hagáis esto. En serio, no. No hace falta. Es muy peligroso. Cómo no vas a adelgazar si te estás matando, alma de cántaro.

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5 soluciones para todos tus problemas, ¡la quinta te decepcionará!

Si me seguís en tuiter os habréis enterado de que he empezado a trabajar con un entrenador para mejorar mi progreso porque llevaba tiempo estancada, subiendo muy poco en mis levantamientos. No es que me fuese mal sola pero me había quedado en la zona de confort y me faltaba organizar y planificar bien las progresiones para sacar el mayor provecho a mis entrenamientos. El objetivo principal es coger fuerza, vamos a intentar doblar mis 1RM (=una repetición máxima, el máximo peso que puedes levantar una vez) de aquí a noviembre o así, y esto implica una cosa (entre otras muchas): comer para ganar músculo. Y problemón.

“¡Pero qué dices, Corro, si te gusta mazo merendar!”

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Empezar a ir al gimnasio like a baws

Una de las cosas que más suele echar para atrás a una chica que quiere hacer pesas por primera vez es la idea de meterse en la zona de pesas del gimnasio cuando no tiene mucha idea por la cantidad de bros que puede haber allí por metro cuadrado. Te intimidan, te hacen sentir una outsider y a una se le quitan las ganas de intentarlo. Normal. A todas nos ha pasado. De hecho a mí me sigue pasando: llevaba tiempo queriendo cambiar de rutina de entrenamiento pero me costó hacerlo porque tener que familiarizarme con nuevos ejercicios, que trabajar con nuevo equipamiento que no estoy acostumbrada a manejar, la idea de no hacerlo bien, de no poder, de fallar… todo me daba una pereza tremenda. Y cuando digo pereza quiero decir que me acobardaba. Ya veis, un año y medio entrenando sin parar, conociéndome el gimnasio al dedillo y teniendo una buena base como para poder enfrentarme a cualquier ejercicio sin que se me dé demasiado mal aunque no lo haya hecho nunca y aún así me podía la vergüenza. Salir de nuestra zona de confort cuesta muchísimo pero todo es más fácil si se va con un plan.

Planead, planead y planead. A lo mejor soy yo que soy una maniática y me calma tener las cosas preparadas y organizadas de antemano, pero para mí esto marcó la diferencia porque conseguí ejercer algo de control sobre una situación que me era totalmente ajena y eso me traquilizó muchísimo a la hora de enfrentarme a ella.

Me he comprao una bolsa del Decathlon, ¿qué hago con ella?

Ahora hay que llenarla.

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Lift all the things, eat all the food!

No quiero hablar demasiado de nutrición porque, primero, no quiero que este blog vaya de eso y, segundo, porque por mucho que digamos, no sabemos nada. El problema está en que la gente en general quiere DATOS, HECHOS, y la realidad es que para cada estudio que demuestra una cosa, hay otro que la desmiente, hay demasiados intereses económicos de por medio. Además, es algo muy personal, tanto en el sentido de que la forma en que comemos debe satisfacer nuestras preferencias personales como en el sentido de que cada cuerpo es distinto y lo que me viene bien a mí no tiene en absoluto por qué veniros bien a las demás. Pero estoy harta de ver a gente, sobre todo tías, meterse en dietas súper restrictivas pensando que esa es la mejor (o la única) manera de perder peso.

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I’m training for life, MOFO.

Hace unas semanas estaba en el gimnasio y, aprovechando un descanso, se me acercó uno de los entrenadores personales para preguntarme si estaba entrenando “para algo” porque le sorprendía verme haciendo peso muerto. Aunque no era la única haciendo ese ejercicio, le contesté sin darle más importancia y seguí a lo mío, pero unas horas después me volvió a la cabeza la pregunta. Por un lado, ¿por qué le había sorprendido, si había más gente haciendo peso muerto y otros levantamientos pesados? ¿Fue, como estoy segura, porque no es habitual ver a una tía hacer un ejercicio así a no ser que tenga un motivo de peso (JEJEJE) para ello, y de ahí lo de preguntar si era “para algo”? Pero, sobre todo… ¿para qué coño entreno, ya que estamos?

Por otro lado, la semana pasada me encontré con este artículo y me caí de culo. Básicamente, una chica que mide cerca de 160 cm comparte su estrategia para conseguir que le ayuden a subir su maleta al compartimento superior en los aviones porque, al parecer, por muchas pesas que haga (EJEM síclarocómono EJEM) no consigue tener la suficiente fuerza como para levantarla por encima de su cabeza. Y así, en vez de plantearse que igual el problema está en su programa de ejercicio, prefiere adoptar una estrategia que implica acercarse subrepticiamente a un hombre más alto y fuerte que ella, colarse delante de él y tardar en subir su maleta para que éste se ofrezca a hacerlo por ella. Perdonadme pero

WHATTHEFUCKITYFUCK

cant

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Oh, estúpido y sensual muesli

Voy a dejar una cosa clara:

ME PUTO FLIPA EL MUESLI*.

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Motivation square

Sobre el tema de la motivación a través de la humillación (y otras cosas), muymuy interesante.

babyhulka

Hablaba un día con un amigo sobre por qué las mujeres solemos tener más problemas de autoestima y otras patologías derivadas (ansiedad, depresión) y terminamos hablando de que estamos mucho más expuestas a eso que llamaremos “modelos de mujer” y eso no ha hecho, según creo, más que crecer. La cantidad de mensajes que podemos llegar a recibir en un día (desde todos los flancos) sobre qué significa ser mujer es de un bombardeo tal que no es difícil terminar como las palomas de los experimentos, tocando cualquier palanca a ver si nos cae la bolita de la suerte con una galleta china que nos diga que hemos acertado, ya somos mujeres (hay que ver la de ritos de paso después de la primera regla que se pueden llegar a tener, la pucha) y ya podemos hallar la paz. Lo que ocurre es que para que el poder se consolide…

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De mitos, sinsentidos y miedos infundados

Creo que estamos viviendo un momento muy interesante porque hay un número creciente de mujeres que desafían los estereotipos predominantes en el mundo del fitness femenino y que transmiten sus impresiones y animan a otras a hacer lo mismo a través de *insertad aquí la red social que más gustito os dé*. Todas ellas, desde su punto de vista, con su tono, sus objetivos e intereses particulares, nos están abriendo un abanico de posibilidades y nos están trayendo una cantidad de información y experiencia muy importante, pero los mitos y las, por qué no llamarlas por su nombre, mentiras de las que hablaba en mi anterior post siguen ahí en su tronito de mierda, como si no fuese con ellas la cosa, así que me he arremangao, he cogido la boina y me he puesto toda mythbuster con su culo. Que no es que vaya a cambiar nada pero y lo que me he reído haciendo esta foto qué.

corrobuster

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